viernes, 12 de marzo de 2010

Miedo.

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Hasta que reconozco quién soy realmente, mi vida puede ser gobernada por las cosas que temo. Puede ser mi miedo el que engendra mi miedo en un comienzo y un final.
Es el miedo a perderme a mí mismo el que puede perpetuar y alimentar mi impulso a sobrevivir y a continuar, y lo que más anhelo y temo es la ausencia de mí mismo.
Al temer la debilidad me esfuerzo por controlar, al temer la intimidad me esfuerzo por estar apartado, al temer la servidumbre me esfuerzo por ser dominante, y si temo ser ordinario intento ser especial.
Las cosas de las que puedo tener miedo son inacabables, porque si un miedo es vencido puedo tener otro en su lugar.
Si hay conciencia presente, el miedo se ve claramente como un obstrucción, una ansiedad futura nacida de un cliché de la memoria. Si la historia que engendra el miedo es desechada, descubro que todo lo que queda es una sensación física que es cruda y viva. Entonces deja de invadirme y ocupa tranquilamente su sitio en la existencia. Ocurre lo mismo con el dolor físico o emocional. Cuando ceso de poseerlo, me libero de su dominio y lo veo simplemente como es.
Si ceso de etiquetar el sufrimiento como "malo" y "mío", y simplemente lo admito como energía en una cierta forma, entonces puede comenzar a tener su sabor propio, el cual puede llevarme profundamente a la presencia.
La naturaleza del sufrimiento es que me habla profundamente de otra posibilidad. Al desear el placer y evitar el dolor, corto en dos la raíz misma de esa posibilidad.

Tony Parsons.

domingo, 7 de febrero de 2010

Amritanubhava. Capítulo IX (extracto).


La fragancia se transformó en nariz, la melodía dió lugar a los oídos y el espejo se convirtió en ojos para contemplarse;
La suave brisa se hizo fina piel, la cabeza se tornó flores de nardo de fascinante aroma;
La lengua se convirtió en dulce zumo, el loto se abrió para ser el sol, y el ave Chakor se transformó en la luna;
Las flores tomaron forma de abeja, las muchachas se tornaron muchachos y los somnolientos adoptaron la forma de camas en las que yacer;
La vista se convirtió en objetos maravillosos, cual lingote de oro que se transforma en joya para disfrutar de la belleza;
Los capullos de mango se tornaron cuclillos, el cuerpo adoptó la forma de brisas malayas y los sabores se convirtieron en lenguas
Así es como el Absoluto adopta las formas de gozante y objeto de gozo, de veedor y objeto de visión, sin que se altere la homgeneidad de Su unidad.
El crisantemo, al abrir sus decenas de pétalos, se convierte en lo que es: un crisantemo.
Mientras se escucha el jolgorio de la perpetua renovación de experiencias, en el reino de la quietud prevalece el silencio más absoluto.
Los sentidos se precipitan sobre la multitud de objetos de la percepción, pero, imitando el encuentro de la mirada consigo misma al contemplarse un rostro en el espejo, chocan contra ellos mismos.
El que adquiere un collar, pendientes y un brazalete sólo está comprando oro.
Al intentar agarrar un manojo de rizos de la superficie del estanque con el cuenco de la mano, no se recoge más que agua.
Para la piel de la mano, el alcanfor es tacto; para los ojos es color blanco, y para la nariz es un aroma. Sin embargo, el alcanfor alcanfor es.
De la misma forma, todas las distintas formas presentes en el universo no son más que el Absoluto en vibración.
Los distintos sentidos procuran atrapar sus objetos correspondientes. Los oídos, por ejemplo, se esfuerzan por asir las palabras, pero en cuanto las tocan, desaparecen y aquéllos se percatan de que el contacto fué falso.
El zumo es algo intrínseco a la caña de azucar; el resplandor de la luna llena es inseparable de ella.
Cuando los sentidos se encuentran con sus objetos es como la luz de la luna iluminándose a sí misma o como la lluvia que cae en el mar.
Por lo tanto, para aquél que está establecido en este estado, la multitud de palabras emitidas no perturba jamás el silencio de su conciencia.
Por innumerables que sean las acciones de sus sentidos, su ausencia de actividad interior permanece invariable.
En su deseo de abrazar los objetos, la visión extiende al máximo sus brazos, pero en realidad no sucede nada.
Es como si el sol, en una ferviente persecución de la oscuridad, lanzara sus mil brazos de rayos para hacerse con ella: jamás dejaría de ser luz, como al principio.
Si alguien se levanta con la esperanza de experimentar despierto los placeres de un sueño, se encontrará con que está solo.
Incluso cuando un individuo alcanza el estado de desapego puede parecer que disfruta de los objetos de los sentidos pero, en su caso, ambas situaciones (desapego y adicción a los objetos) no pueden coexistir. ¡Es imposible saber lo que en realidad sucede!
Si la luna intentase hacer acopio de su propia luz, ¿cuál sería el fruto de su esfuerzo? Idéntico es el caso del gñani que intentara recordar los objetos de los deseos: sería un sueño infructífero y sin sentido....
Aquí en verdad no existe la acción ni la inacción. La ausencia de participación es lo que prevalece. Todo lo que sucede, todas las experiencias, son un juego del Absoluto....
Dios es el devoto. La meta es el sendero. La totalidad del universo es un único ente solitario.
Aquí, Él es el Dios y Él es el devoto. Libre de toda actividad, se deleita en el reino de la quietud....
Si en dicho estado, surge el deseo de mantener una relación entre Dios y devoto, entre Maestro y discípulo, Dios es el único que puede desempeñar ambos papeles.
Las distintas prácticas devocionales, los artículos para el culto, los mantras, la meditación y la fe no son más que Dios.
Por lo tanto, sólo es Dios el que venera a Dios mediante Dios, sea cual sea la forma.
El árbol crece y se desarrolla, formando tronco, ramas, flores y frutos. Todo ello es árbol.
Los templos, sus ídolos y sacerdotes están constituidos por el mismo material. ¿No es lo natural, entonces, que se produzca la adoración devocional?
Que un mudo observe o no un voto de silencio no alterará su mutismo. De la misma forma, el gñani permanece inamovible en su propia divinidad, tanto si se produce o no la doración.
¿Tiene algún sentido hacer una ofrenda de granos de arroz a una imágen de Dios hecha de arroz?....
Al haber apagado de un soplido las luces de la acción y la inacción, la adoración y la no adoración ocupan el mismo asiento y se alimentan del mismo plato.
En este estado, las sagradas escrituras (Upanishad) son tanto calumnias como dulces cantos de alabanza.
De hecho, tanto las calumnias como las alabanzas se funden en el silencio. Aunque se trate de palabras, son Silencio.
Para el gñani, cualquier camino que emprenda es un peregrinaje a Shiva. Pero realizarlo expresamente (el peregrinaje), sería como no llegar a ningún lugar.
¡Qué extraordinario! En su estado, el caminar y el permanecer sentado comparten el mismo significado.
Cualquier objeto en el que posa su mirada constituye una maravillosa visión de Shiva.
Si el Dios Shiva se le aparece, es como si no viera nada. Dios y el devoto participan del mismo nivel.
Una pelota comienza a rodar por su propia naturaleza esférica, cae al suelo y, al rebotar, se vuelve a elevar alegremente en el aire.
El que haya contemplado el alegre juego de la pelota puede describir la sencilla vida de un ser iluminado....
¡Excelso Señor! ¡Has despertado al ya despierto, arrullado al que yacía dormido y nos has revelado a nosotros mismos!
Somos completamente Tuyos pero, aún así, por puro amor, nos demuestras que Te pertenecemos. ¡Tal reiteración sólo es digna de Tu grandeza!
No le arrebatas nada a nadie, ni tampoco le entregas a nadie algo de Tí....
Te sientes inmensamente complacido al destruir el concepto de diferencia entre Tú y yo y convertirte en lo más íntimo y querido de nosotros mismos.

Gñanéshvar.

miércoles, 27 de enero de 2010

¿Quién soy yo?


Mr. Subba Rao: Cuando preguntamos "¿quién soy yo?" ¿qué es ese "yo"?

Maharshi: Es el ego, pero también es el que hace esa esa pregunta, porque el Ser (Atman) no hace preguntas ni practica vichara. El que hace preguntas es el ego. Como resultado de esa pregunta el ego comprende su inexistencia y descubre que lo único que existe es el Ser (Atman).

Sri Ramana Maharshi.

sábado, 16 de enero de 2010

Yo soy eso pero...


Yo soy eso pero... tengo que asumir la responsabilidad, sanar mi vida, ir más profundo, ser más consciente, estar aquí y ahora, entrar en la quietud, salvar el planeta, expresar mis emociones, pensar positivamente, convertirme en el testigo, ser feliz, encontrar un gurú, ser útil, encontrar el significado de la vida, calmar mis pensamientos, hacer el bien, deshacerme del ego, desarrollar mi lado masculino o femenino, ser más práctico, iluminarme, encontrar mi alma gemela, realizar una ceremonia, llegar a iniciarme, ponerme en contacto con mis sentimientos...

Quizá lo hagas. ¿Cómo podría discrepar? Mientras tu estás ocupado con todo eso, me voy a tomar una taza de té y a leer el periódico.

Nathan Gill.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Pobreza de espíritu.


Hemos dicho a menudo, y también grandes maestros lo han dicho, que el hombre debe estar libre de toda cosa y de toda obra, tanto interiores como exteriores, de forma que pueda ser lugar propio de Dios donde Él pueda actuar. Ahora decimos otra cosa. Si el hombre se ha liberado de las criaturas, de Dios y de sí mismo, pero si todavía es algo donde Dios encuentra un lugar donde actuar, decimos: mientras esto sea así en este hombre, este hombre no vive la extrema pobreza. Pues en sus actuaciones, Dios no busca un lugar en el hombre donde pueda actuar; la pobreza de espíritu es que el hombre está de tal manera libre de Dios y de todas sus obras que Dios, si quiere actuar en el alma, sea Él mismo el lugar donde quiere actuar, y esto lo hará con mucho gusto. Pues cuando Dios encuentre al hombre en tal pobreza, podrá realizar su propia obra y el hombre existir para experimentar a Dios en él. Siendo Dios el hacedor en sí mismo, el hombre, en esta pobreza, reencuentra el Ser eterno que ha sido, que es ahora y que ha de ser eternamente...

Decimos, pues, que el hombre debe ser tan pobre que no tenga ni posea en él ningún lugar donde Dios pueda actuar. Mientras reserve una localización, cualquiera que sea, mantiene una diferencia. Por esto, ruego a Dios que me libere de Dios, pues mi ser esencial está por encima de Dios, en cuanto consideramos a Dios como principio de las criaturas. En esta divinidad, tal como yo la he descrito, donde Dios está por encima de todo ser y de toda distinción, ahí yo era mí mismo, me quise a mí mismo y me conocí a mí mismo, para hacer este hombre que soy y por ello soy la causa de mí mismo y me conocí a mí mismo, para hacer este hombre que soy y por ello soy la causa de mí mismo según mi esencia que es eterna, y no en cuanto a mi devenir que es temporal. Y por ello, soy un no-nacido y según mi virtud de no-nacido no puedo morir jamás. En virtud de mi nacimiento eterno, eternamente he sido, ahora soy y permaneceré eternamente. Lo que soy a causa de mi nacimiento, habrá de morir y de aniquilarse, pues está destinado a desaparecer y a corromperse con el tiempo. Pero en mi nacimiento eterno, todas las cosas nacieron y soy la causa de mí mismo y de todas las cosas; y si yo no fuera, Dios tampoco sería. Yo soy la causa de que Dios sea Dios; si yo no fuera, Dios no sería Dios. Pero no es de primera necesidad saber esto...

Cuando yo fluía de Dios, todas las cosas dijeron: Dios es. Sin embargo, esto no puede hacerme feliz pues así solo me conozco en tanto que criatura. Pero en la apertura, donde estoy libre de mi propia voluntad y de la de Dios y de todas sus obras y de Dios mismo, estoy más allá de todas las criaturas y no soy ni Dios ni criatura. Sino que soy mucho más, soy lo que yo era, lo que permanecerá ahora y siempre. Ahí, recibo un impulso que me eleva por encima de todos los ángeles. En éste impulso, recibo una riqueza tal que Dios no puede serme suficiente con todo lo que es como Dios y con todas sus obras divinas. En efecto, en esta apertura recibo el don de que Dios y yo somos Uno. Allí soy lo que era, no crezco ni sufro mengua, ya que soy una causa inmóvil que mueve todas las cosas. Entonces Dios no encuentra ya lugar en el hombre, pues a causa de esta pobreza el hombre redescubre lo que ha sido eternamente y lo que ha de seguir siendo por siempre jamás.

Meister Eckhart.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Canto de mi mismo (extractos).


Yo me celebro y me canto,
Y todo cuanto es mío también es tuyo,
Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca.

Me aparto de las escuelas y de las sectas, las dejo atrás; me sirvieron, no las olvido;
Soy puerto para el bien y para el mal, hablo sin cuidarme de riesgos,
Naturaleza sin freno con elemental energía.

Quédate conmigo este día y esta noche y serás dueño del origen de todos los poemas,
Serás dueño de los bienes de la tierra y del sol (aún quedan millones de soles),
Ya no recibirás de segunda o de tercera mano las cosas, ni mirarás por los ojos de los muertos, ni te alimentarás de los espectros de los libros,
Tampoco mirarás por mis ojos, ni aceptarás lo que te digo,
Oirás lo que te llega de todos lados y lo tamizarás.

He oído lo que hablaban los habladores, la fábula del principio y del fin,
Pero yo no hablo ni del principio ni del fin.

Nunca hubo más principio que ahora,
Ni más juventud ni vejez que ahora,
Ni habrá más perfección que ahora,
Ni más infierno ni cielo que ahora.

Impulso, impulso, impulso,
Siempre el impulso generador del mundo.

De la penumbra surgen iguales elementos contrarios, siempre la sustancia y el crecimiento, siempre el sexo,
Siempre un tejido de identidades, siempre lo diferente, siempre la vida que se engendra.

De nada sirve elaborar; los doctos y los ignorantes lo saben.

Conociendo la perfecta justeza y ecuanimidad de las cosas, guardo silencio cuando los otros discuten, y después me baño y me admiro.

¿Habré de diferir mi aceptación y realización y pediré a mis ojos que dejen de mirar por el camino,
Y que me muestren de un modo riguroso,
El valor exacto de uno y el valor exacto de otro, y cuál de los dos vale más?

Lejos de la contienda y de sus clamores, perdura lo que soy,
Interesado, complaciente, piadoso, ocioso, unitario,
Me inclino, me yergo o apoyo los brazos sobre una base impalpable y segura,
O miro con la cabeza inclinada de un lado, curioso de lo que va a ocurrir,
Espectador y jugador a la vez, mirándome y asombrándome.

Lo más común, lo más barato, lo más cercano, lo más fácil, ese soy Yo.
Confío en el azar, lo derrocho a la espera de infinitas ganancias,
Adornándome para entregarme al primero que pase,
No exigiendo del cielo que descienda a mí cuando quiero,
Desparramando todo porque sí para siempre.

Todo lo resisto mejor que mi propia diversidad,
Respiro el aire pero siempre queda muchísimo,
Y no soy presumido y me doy mi lugar.

Esta es la mesa puesta para todos, ésta es la carne para el hombre natural;
Es para el malvado no menos que para el justo, a todos he invitado,
No permitiré que una sola persona sea desairada o excluida,
La mantenida, el parásito, el ladrón, están aquí invitados,
El esclavo de labios gruesos, el enfermo venéreo está invitado,
No se hará la menor diferencia entre ellos y los otros.

Siéntate un momento, hijo mío,
Aquí tienes pan para comer y leche para que bebas,
Pero después de haber dormido y haber cambiado de ropa te beso con el beso del adios y te abro la puerta para que salgas.

Demasiado tiempo has perdido en sueños deleznables,
Ahora te quito la venda de los ojos,
Debes acostumbrarte al brillo de la luz y de cada momento de tu vida.

Enseño a que se alejen de mí, ¿pero, quién puede alejarse de mí?
Quienquiera que tú seas, empiezo desde ahora a seguirte,
Mis palabras golpearán tus oídos hasta que las entiendas.

Si quieres entenderme llega a las cumbres o a la orilla del mar.
Cualquier insecto es una explicación, y una gota de agua o la agitación del mar, una clave...
Ningún cuarto cerrado, ninguna escuela pueden hablar conmigo,
Pero sí la gente ignorante y los niños.

Dije que el alma no es más que el cuerpo,
Y dije que el cuerpo no es más que el alma,
Y que nada, ni Dios es más que uno mismo,
Quien camina una milla sin amor, se dirige a su propio funeral envuelto en su propia mortaja.

No hay cosa tan frágil que no sea el eje de las ruedas del universo.

Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no lo comprendo en lo más mínimo,
Ni comprendo como pueda existir algo más prodigioso que yo mismo.

¿Por qué desearía yo ver a Dios mejor que en este día?
Algo veo de Dios en cada hora de las veinticuatro y en cada uno de sus minutos,
En el rostro de los hombres y de las mujeres veo a Dios, y en mi propio rostro en el espejo;
Encuentro cartas de Dios tiradas por la calle y su firma en cada una,
Y las dejo donde están porque sé que dondequiera que vaya,
Otras llegarán puntualmente.

¿Me contradigo?
Muy bien, me contradigo.
(Soy amplio, contengo multitudes.)

Me dirijo a los que están cerca y espero en el umbral.

¿Quién ha concluido su tarea? ¿Quién concluirá más pronto la cena?
¿Quién quiere salir a pasear conmigo?

El manchado halcón pasa al vuelo, me reprocha mi charla y mi demora.

A mí tampoco me han domado, yo también soy intraducible,
Lanzo mi graznido salvaje sobre los tejados del mundo.

El último fulgor del día se detiene a esperarme,
Arroja mi sombra como las otras y no menos fiel que las otras sobre la opaca llanura,
Me atrae hacia la niebla y la penumbra.

Si no me encuentras al principio, no te desanimes,
Si no estoy en un lugar me hallarás en otro,
En alguna parte te espero.

Walt Whitman.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Para.


Para. Por favor, para.
Para de hablar, para de objetar. Deja que haya silencio, aunque solo sea por un momento.
Date cuenta de que tú no puedes hacerlo, de que no puedes lograr que eso ocurra. Date cuenta de que las objeciones y los juicios y las resistencias seguirán brotando en tanto que sigan brotando.
Déjalo estar. Deja ser al silencio, a la quietud.
Date cuenta de que casi cada pensamiento que tienes es un pensamiento "yo" o un pensamiento "mí". Casi todos tus pensamientos tienen que ver con "yo" o se refieren a "mí" o a lo "mío". "Lo que yo siento..., lo que me parece... lo que es para mí..., según mi experiencia..., de donde yo vengo...", y así sucesivamente. Y aun en las ocasiones en que no empleas tales palabras, pensar sigue siendo importante para "ti", porque "tú" piensas que es "tu" pensamiento. "Tu" opinión. Lo que "tú" sientes sobre "ti" mismo o sobre "tu" realidad. Abandónalo ya...
Cuando se te da la inefable gracia, el increíble e inmerecido don de ver, de percibir que lo que piensas es solo una opinión, o que pensar es algo mediante lo cual te identificas a ti mismo; cuando tienes ese don de ser capaz de escucharte, entonces para. Honra ese don parándote. Y suéltala. La opinión. Suéltala. El pedacito de identidad contenido en cada afirmación acerca de ti mismo, cada pregunta que proviene de ti, cada comentario que te concierne, suéltalos. Deja que te detenga la gracia que en un momento dado te permite pillarte teniendo una opinión y hablando como un "yo"; deja que esa gracia te pare...
"Aquietarse" no significa dejar de mover el cuerpo. "Aquietarse" no significa tratar de impedir que aparezcan pensamientos o sentimientos. "Aquietarse" significa soltar el nivel secundario del pensamiento: las opiniones, los juicios, los comentarios. Eso es lo que significa pararse.
Ningún pensamiento que hayas tenido jamás es verdad. Ninguna opinión que hayas mantenido nunca es correcta. Suéltalos. Ninguna idea que tengas o hayas tenido acerca de ti, o acerca de quién o qué eres, se ha correspondido jamás con la realidad. Y jamás lo hará. Suéltalas todas.
Comparar, tamizar, aprender, batallar, imaginar, sentir, pensar..., todo eso es como tratar de asir una sombra o perseguir el viento. En cambio, está el impresionante y desbordante don de parar, de permitir el desprendimiento...
Deja que todo eso pare. Permite que se desprenda. Deja de tomártelo en serio. Deja por completo de sostenerlo. Déjalo estar. Aquiétate. Simplemente, para. Deja que la gracia te pare.

David Carse. (Fotografía: Laguna Roja. Norte de Chile)

sábado, 31 de octubre de 2009

Espíritu y materia son una sola Unidad.


La Verdad está en todas partes, y ella es mi Ser Amado. La Vida anima a todos los seres y cosas, y ella es mi Ser Amado. La Dicha eterna palpita en el corazón de todos los objetos, y ella es mi Ser Amado. La Luz ilumina el universo entero, y ella es mi Ser Amado. La Fuerza activa toda la naturaleza, y ella es mi Ser Amado. La Paz perenne conforma y anima cuanto es visible y percibido, y ella es mi Ser Amado. ¡Oh verdad siempre existente! ¿Como puedo concebirte y describirte?
Soy testigo del silencio que guardo y de las palabras que pronuncio. Soy silencio y palabra. ¡Qué maravilla! ¿Puedo decir que esta es una experiencia mística? Es más profunda y vasta que la mística. Entonces, ¿qué es? Es un secreto inexpresable.
Dios y el Alma: Dios es el Alma. El Alma es Dios. Las vestimentas del Alma -todos los cuerpos y formas- son también Dios. Espíritu y materia son esencialmente lo mismo. El Espíritu en movimiento es energía. La energía condensada es materia.
No hay existencia interna y externa. La Existencia Divina es todo en todos. Solamente existe Eso en todos los aspectos. Eso, Ella o El (todo es mi Amado): la Verdad, Dios. Dios es forma y también sin forma. Me empeñé en conocerle, y me convertí en El. Cada pensamiento y cada sentimiento mío son inspirados por esta experiencia: Yo Soy El.
La Vida es espacio. La Vida es tiempo. La Vida es causa sin causa. El espacio es infinito. El tiempo es eterno. Dios es vida infinita y eterna. El espacio abarca todas las cosas. El tiempo engloba todas las cosas. Yo soy ese Dios, esa vida inespacial, intemporal e incausal. Esto es dar rienda suelta a la imaginación, en un loco intento por descubrir qué soy y qué es Dios.
Soy mudo cuando hablo. Estoy quieto cuando camino. Estoy en reposo cuando trabajo. No hago nada cuando muevo los mundos. Toda dinámica es mía, si bien soy la Verdad estática. Ciertamente soy y no soy. ¿Puedo aplicar esto a mi Dios? No soy otro que no sea El.
Dios es presencia. Dios es ausencia. Es recuerdo. Es olvido. Es yo mismo. Es tú mismo. Cuando Lo miro, me veo. Tengo Su visión cuando aparezco ante mí mismo. Le comprendo cuando me conozco. ¡Cuán amalgamados estamos El y yo! ¿Por qué no concluir diciendo que El y yo somos Uno?

Swami Ramdas.

lunes, 26 de octubre de 2009

Cuando el Conocimiento fué al norte.


El Conocimiento vagó hacia el norte buscando el Tao, sobre el Mar Oscuro, y en lo alto de la Montaña Invisible. Allí en la montaña se encontró con el No-Hacer, el Sin-Palabras.

Preguntó:

"Por favor, señor, ¿me podría informar bajo qué sistema de pensamiento y que técnica de meditación podría aprehender el Tao? ¿Por medio de qué renuncia o que solitario retiro podría reposar en el Tao? ¿Dónde he de comenzar, que camino he de seguir para alcanzar el Tao?"

Tales fueron sus tres preguntas.
No-Hacer, el Sin-Palabras, no respondió. No sólo eso, ¡ni siquiera sabía como responder!

El Conocimiento giró hacia el sur, hacia el Mar Brillante y ascendió la Montaña Luminosa llamada "Fin de la Duda".
Allí se encontró con "Actúa-según-tus-Impulsos", el Inspirado Profeta, y le hizo las mismas preguntas.
"Ah", exclamó el Inspirado, "¡Tengo las respuestas, y te las revelaré!" Pero justo cuando estaba a punto de decirle todo, se le fué de la cabeza.
El Conocimiento no obtuvo respuesta alguna.

De modo que el Conocimiento fué por fin al palacio del emperador Ti, y le hizo sus preguntas a Ti.
Ti replicó:
"Ejercitar el no pensamiento y seguir el no camino de la meditación es el primer paso para empezar a comprender el Tao. No vivir en ninguna parte y no apoyarse en nada es el primer paso para descanzar en el Tao. Empezar desde ninguna parte y no seguir camino alguno es el primer paso para alcanzar el Tao."

El Conocimiento respondió: "Tú sabes esto y ahora yo también lo sé. Pero los otros dos no lo sabían. ¿Qué te parece eso? ¿Quién está en lo cierto?"
Ti replicó:
"Sólo No-Hacer, el Sin-Palabras, estaba absolutamente en lo cierto. Él no sabía. Actúa-según-tus-Impulsos, el Profeta Inspirado, sólo parecía estar en lo cierto porque se le había olvidado. En cuanto a nosotros, no estamos ni siquiera cerca de la verdad dado que tenemos las respuestas".

Porque aquel que sabe no habla,
aquel que habla no sabe.
Y el hombre sabio instruye
sin utilizar las palabras.

Esta historia llegó a los oídos de Actúa-según-tus-Impulsos, que estuvo de acuerdo con la forma de plantearla de Ti.

Que se sepa, No-Hacer jamás oyó hablar sobre el asunto ni hizo comentario alguno.

Chuang Tzu.

viernes, 9 de octubre de 2009

La Fuente.



Cuando uno se refiere a la Fuente, con el nombre que sea, es probable que uno no entienda el significado de lo que se dice: hay un "yo" (que no es) buscando su "verdadera naturaleza", que es la Fuente o el Ser. De lo que hay que darse cuenta verdaderamente es de que uno tiene que librarse de la idea de ambos, el yo y el Ser.
La cuestión es que , la Fuente, el Vacío, que es completa Plenitud, no es Ser, sino No-ser. En otras palabras, lo que tiene que ser intensamente apercibido es la existencia omnipresente de Nada -la Energía que sólo es potencial- y de la que algo puede aparecer: a partir del potencial, la actualización; de la No-manifestación, la manifestación.

El puro Sujeto, la Fuente sin el menor toque de objetividad, nunca puede morir porque no contiene nada que pueda venir a la existencia o extinguirse. Sólo los objetos creados pueden nacer y morir. El puro Sujeto, la Fuente, sólo puede ser Eternidad más allá del concepto de tiempo.

Por la gracia de la Fuente viene, a su debido tiempo, la asombrosa Comprensión de que la vida no es otra cosa que un sueño viviente. Y entonces uno se sume en en abrazo desvanecedor de la Unicidad, en el que se acepta incondicionalmente lo-que-es-en-el-momento.

Por tanto, sólo nuestra desidentificación con una supuesta entidad suspenderá el ejercicio de la volición conceptual y de la conceptualización, que es la causa del aprisionamiento conceptual. Entonces lo que quedaría solo sería una identificación sin volición, por la que el organismo cuerpo-mente funciona según la voluntad de la Fuente (o de acuerdo con la Ley Cósmica), como el actor sobre el escenario. Tal identificación sería, como decía Ramana Maharshi: "Como los remanentes de una cuerda quemada".

Tú no puedes cortar la implicación. Es la Comprensión -la Fuente- la que corta la implicación.

La Fuente se manifiesta a Sí misma como conciencia extendiéndose en el "espacio y en el tiempo" conceptual. En este universo conceptual espacio-tiempo, la Fuente parece dividirse en un sujeto experimentando un objeto. En la manifestación conceptual, la Fuente como conciencia aporta discriminación a través de las relaciones sujeto-objeto entre opuestos interdependientes, como "aceptable e inaceptable", "hermoso y feo", "bueno y malo", "feliz y apenado". Sólo mediante la no-discriminación, la aceptación de la dualidad como base de este universo conceptual fenoménico, la Fuente se sana a sí misma volviendo a su plenitud noumenal.

Ramesh Balsekar.