miércoles, 19 de enero de 2011

Un jardín de rosas en un jardín de rosas.


Oh amigos, sólo encontraréis el Paraíso y jardines de rosas dentro de jardines de rosas cuando logréis ir más allá de la forma.

Cuando hayáis roto y destruido vuestra propia forma, habréis aprendido a romper la forma de todas las cosas.

Rumi.

Es noche de Sábado y estoy en la fiesta de unos amigos. Dada mi afición al baile, apenas descanzo en toda la velada. La música impregna el ambiente como una lluvia constante que empapa mi cuerpo. Ahora bailo con este amigo, después con aquel otro y luego con alguien al que no conozco en absoluto. Y, en medio de la habitación rotatoria de derviches girando, cobro conciencia de la inmovilidad del Ser. La inmovilidad me mueve, me dirige, me sumerge cada vez más profundamente en la danza. Al beber del manantial de la Vacuidad que es mi fuente me embriago, pero sigo bebiendo completamente adicto a ese néctar. Al zambullirme profundamente en su océano salvaje veo que todo emerge súbitamente de él con vida renovada. Aunque nado al mismo tiempo en las aguas de la vida, sigo sumergiéndome más profundamente en la oscuridad desconocida. El fuego interior me consume, me quema sin dejar rastro, pero no puedo detenerme y arrojo más leña y aire a la hoguera ardiente de modo que las llamas anaranjadas arden con más vigor y vuelvo a consumirme y a emerger cual fénix que, escapando de las grises cenizas, alza el vuelo hacia la luz diurna. Qué placer y que liviandad poder liberarme del cuerpo como si fuera la primera vez, tan invisible e inocente como un niño, disuelto en la vacuidad que, de manera prodigiosa, se manifiesta como este cuerpo danzante y como estos amigos que bailan. Ligero como el aire, claro como el agua, amplio como el cielo, en mi interior la fiesta sigue viva. En la medida en que el ritmo prosigue, ya cerca de la madrugada, puedo escuchar el silencio interno, la musica que no cesa.
Ahora estoy bailando con una amiga, acogiendo la apertura de su gesto y la alegría de sus ojos fluyendo al lado, alrededor y contra la corriente chispeante del río o el torrente de alegría y seriedad, de proximidad y distancia, en que ella se transforma esta noche. Qué maravilloso poder liberarme de mi propia cara y de mi cuerpo y abandonar mi forma en la no-forma inefable, suficientemente amplia para que dos cuerpos arraigados en el misterio se vacíen de sus yoes y tejan nuevas pautas. Respiro profundamente y me abandono a la danza del ser indivisible. Es divertido bailar con otra persona sin saber donde están nuestros límites, inspirados por la música, poseídos por el ritmo, sintiendo la conversación de nuestros pies con el suelo, cabalgando olas salvajes que surgen, se elevan y rompen para emerger de nuevo. Aquí no hay nada que conocer o que ser, nada que proteger, nada que tener o retener, ninguna fachada o límite tras el que ocultarse. Transparentes e ilimitados, podemos contenernos mutuamente en esa maravillosa y resplandeciente vacuidad plena de belleza.
Cuando rompemos el caparazón de nuestra propia apariencia, lo ilimitado -que nos pertenece a todos, nos contiene a todos, lo acepta todo y es nuestro derecho de nacimiento- se muestra a sí mismo. Rumi descubrió jardines de rosas, pero esta noche yo encuentro amigos a los que les gusta bailar y constato que, entre nosotros, no existe la más mínima distancia.

Richard Lang.

5 comentarios:

gorka dijo...

Gracias Francisco!.

"Entre nosotros no existe la más mínima distancia!.

Un abrazo!.

Luis Granados González dijo...

¡Qué bonito, Francisco! ¡Qué bello!

Tengo su libro Ver lo que realmente somos y sus videos de Youtube que Pedro Rodea subtituló al español, ¡un gran regalo en esta vida! y, como puedo ver, todavía nos sigue sorprendiendo.

Muy buena entrada para tu interesantísimo blog del Gran Conocimiento Superior.

Un abrazo, Luis.

José Manuel dijo...

Gracias Francisco por esta bien hilvanada entrada. Richard Lang nos ilustra con un ejemplo (de los indefinidos que podemos encontrar) de lo que en forma poética nos quería mostrar Rumi.
Un abrazo!

(z) Victoria dijo...

Sí, maravilloso texto ... es para leer y leer e impregnarte de esa danza para siempre!!!
Un abrazo!

Francisco dijo...

Un gran abrazo para Ustedes: gorka, Luis, José Manuel y Victoria.