sábado, 22 de mayo de 2010

Confesion de un jnani.


Para el jnani que ha comprendido realmente la identidad de su ser interior con el brahman infinito,
no hay renacimiento ni transmigración ni liberación.
Él está más allá de todo esto.
Está firmemente establecido en su verdadera naturaleza, de cualidad absoluta,
en la que son inseparables existencia, sabiduría y beatitud.
La existencia de este cuerpo, y del mundo como realidad desligada de ese todo,
es a los ojos del jnani una ilusión, que no puede eliminar,
pero que ya no es capaz de engañarle.
A la muerte de este cuerpo, al igual que en vida,
él está siempre donde eternamente está, es siempre lo que eternamente es
-el principio primero de todas las cosas y de todos los seres-:
sin forma, sin nombre, sin mancha, sin tiempo, sin dimensión y absolutamente libre.
La mente no puede acercársele, los apetitos no pueden torturarle,
los pecados no le mancillan; él está libre de todo deseo y sufrimiento.
Ve el Sí-mismo infinito en todo, y todo en el Sí-mismo infinito,
que es su Ser.

El jnani confiesa su experiencia así:
Soy infinito, imperecedero, origen de mi luz y de mi existencia.
No tengo principio ni fin.
Ni nací ni puedo morir, cambiar o deteriorarme.
Impregno e interpenetro todas las cosas.
En la miríada de universos de pensamientos y de creación,
solo yo soy.

Robert Adams.

4 comentarios:

(z) Victoria dijo...

Qué bien explicado.
Gracias Francisco.
Un abrazo!

Joy B. dijo...

"Sólo yo soy"

Me quedo con ESO...

Gracias y un abrazo!

José Manuel dijo...

¡Vaya!, parece que hablase el mismo Sankara.
Gracias, Francisco, por el descubrimiento.
Un abrazo!

Agustin Fernandez Del Castillo dijo...

Hola Francisco,

Esta frase de tu post me sugiere un comentario : La existencia de este cuerpo, y del mundo como realidad desligada de ese todo,
es a los ojos del jnani una ilusión, que no puede eliminar,
pero que ya no es capaz de engañarle.



Me quedo con esta parte del post que habla de una ilusión que no se puede eliminar pero que ya no es capaz de engañarle. Nisargadata dice que todo cuanto llega desaparece.

Sentir que las entrañas ya están huecas, pues los tiburones y la enfermedad del mundo, te las han vaciado, te permiten entender lo del estado natural, que no hay que asociar con la energía que forma parte del mundo de los opuestos, sino con su ausencia. Pero el contínuo darse de esa vacuidad, todo lo llena, todo lo cura.

Lo que somos, no tiene ni siquiera fuerza para sostener un concepto. Sentir las entrañas vacías, nos obliga a empezar a trabajar, con ayuda de la respiración, para comenzar a abrir la cárcel del corazón y así desmontar la hiedra que el sentimiento de lo mío, había hecho crecer por la espalda hasta el cuello, uniendo emocionalidad tripera y mente desintegrada, al servicio de un mundo de bonito.

Si practicamos permaneciendo inmóviles por la noche y no entragándonos a esa postura que nos garantiza la desconexión y el sueño, toda esta hiedra de la espalda, va saliendo a flote y con ello, nos da la posibilidad de empezar a respirarla, iluminarla y permitir que un corazón infantil e inmaculado, aflore. Y con ello empezar a fortalecer un corazón necesario para integrar la totalidad de lo falso, trabajo, que aún estaba pendiente de empezar a hacerse, por la tiranía y el compadreo de la emoción y la mente polarizada hacia un mundo de bonito.

Un saludo,
agustin